Como una crónica periodística, transmite imágenes, colores, el aire y ritmo de una realidad remota. Informa y sobre todo conmueve; ayuda a conocer la verdad y a digerirla. Porque ¿qué es interpretar si no explicar el sentido de algo, señalar la entraña de esa evidencia y descifrarla?
A lo largo de la historia del cine, el documental ha sido el género más comprometido con la realidad, pero una realidad que renuncia a la utopía de la objetividad, para ser trasmitida desde una mirada humana que intenta ser asertiva y contribuir al conocimiento y entendimiento de lo que nos rodea.
Los documentales cinematográficos han sido importantes instrumentos para dar testimonio sobre momentos desbordantes y críticos de la sociedad, especialmente durante el siglo XX, que es cuando tiene lugar la imagen en movimiento dirigida a las grandes masas.
Instantes críticos como la Segunda Guerra Mundial quedaron perpetuados en documentales como los de Resnais que trasmiten la crudeza y horror del hambre y la muerte. Documentales históricos, ecológicos, políticos como los de Michael More, dan testimonio del camino recorrido por la humanidad y al mismo tiempo, para seguir pensando y analizando el pasado para tomar decisiones mejores a futuro y entender la naturaleza humana.
El documental es arte, porque vuela con las alas de la realidad a horizontes de la memoria y las sensibilidades donde encontrar una morada que las cobija y descifre.
Hoy, momento en que la realidad virtual compite con la realidad tridimensional, el documental sostiene a ésta última y se presenta como un libro de imágenes que habla a miles de millones de personas.
Comprender su importancia, y aprender el buen uso de este instrumento es lo que nos tiene aquí, en pide búsqueda de respuestas y más explicaciones.
No se olvide que el documental tiene un especial vínculo con el Tiempo y la historia, porque como hilo conductor contribuye a develar las realidades en todas sus dimensiones.